La
PSU no pasa la prueba ni moral ni técnica
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| Si el país
no hubiese agotado su capacidad de asombro
ante tanta corrupción e ineptitud,
la confirmación de filtraciones en
la PSU de los últimos años habría
provocado un terremoto. |
Por Raúl Gutiérrez V., periodista,
editor de CORMUVAL.CL
(27/09/07)
MLADEN KOLJATIC Y Mónica Silva, calificados investigadores
de la Facultad de Ciencias Económicas y
Administrativas de la Universidad Católica
de Chile, han vuelto a la carga para reiterar
sus denuncias ante el escándalo que constituye
la Prueba de Selección Universitaria (PSU).
Lo hacen cual profetas en el desierto –
de hecho, hasta ahora nadie los ha llevado de
apunte – tras el sorprendente anuncio del
Departamento de Evaluación, Medición
y Registro Educacional (DEMRE), de la Universidad
de Chile, una instancia tan poderosa que no considera
necesario allegar explicaciones. El DEMRE ha comunicado
que abandonará la práctica de repetir
"algunas preguntas" en la PSU. En adelante
las preguntas serán "totalmente originales"
en la prueba que cada año define la suerte
de cientos de miles de estudiantes egresados de
la secundaria.
La declaración del organismo encargado
de la administración del sistema de selección
a la educación superior representa la tardía
admisión de la validez de las denuncias
formuladas por el mencionado dúo de investigadores
en cuanto a masivas filtraciones del contenido
de la prueba a favor de grupos privilegiados,
alumnos de costosos preuniversitarios, que estaban
al tanto del secreto y disponían de recursos
líquidos para pagar por la información
requerida.
Si el país no hubiese agotado su capacidad
de asombro ante las denuncias de ineptitud y corrupción
por parte del aparato del sector público,
del cual forma parte la Universidad de Chile,
la declaración del Demre hubiese desatado
un escándalo mayúsculo y el desalojo
del rector de la Casa de Bello. Políticos
interesados en los temas de la educación
y la equidad, así como los pingüinos
sobrevivientes de las épicas jornadas de
hace algún tiempo estarían exigiendo
al organismo técnico que aclarara por qué
los facsímiles de la PSU no se hacían
públicos tras la prueba y por qué,
después que aseguró que era imposible
construir la prueba de cada año sin repetir
ítemes, de pronto ello se tornó
posible. ¿O es que, en verdad, como lo
denunciaron oportunamente Koljatic y Mónica,
la PSU es fruto de la improvisación, la
misma que provocó el desastre del Transantiago,
para mencionar un solo ejemplo?
La frivolidad con se ha actuado con la PSU es
francamente criminal porque se ha pisoteado la
fe pública y se ha perpetrado una aleve
agresión contra los estudiantes provenientes
de familias modestas, esos que estudian en liceos
fiscales y que carecen de recursos para pagarse
preuniversitarios que cobran en UF. Koljatic y
Mónica señalan que “las personas
que conocieron de antemano las 12 preguntas que
se repitieron en la PSU de matemáticas
el año pasado partieron con 500 puntos
de ventaja sobre quienes no tuvieron acceso a
esa información”. Así la Universidad
de Chile transmite a las nuevas generaciones el
mensaje de que en la vida el dinero es más
importante que el mérito académico
y que lo importante es triunfar, no importa con
qué medios. Y pensar que muchos ilustres
académicos de ese plantel planteaban en
mejores épocas que la Universidad debía
ser no sólo un centro de enseñanza
superior, de libre debate de ideas y conocimientos,
sino también un crisol moral para las nuevas
generaciones de estudiantes llamados a convertirse
en conductores del país.
“Si las autoridades realmente quieren gestar
un sistema de admisión justo, tienen que
partir por hacer públicos todos los facsímiles
previos de la PSU y el informe técnico
del Educational Testing Service realizado en el
año 2004, el cual la Universidad de Chile
hasta el día de hoy se niega a entregar”
han reiterado Koljatic y Mónica. ¿Y
si no es eso lo que las autoridades quieren?
Imposible no coincidir con ellos en cuanto a
que después de este escándalo y
agresión a mansalva contra la juventud
chilena, las PSU deberían ser auditadas
en forma pública todos los años
por expertos internacionales independientes, que
otorguen garantía de objetividad y rigor
técnico”, pero la renuencia de las
autoridades a inclinarse ante los dictados de
la razón comprueba que la putrefacción
del sistema se encuentra muy avanzada. “Hay
que gestar un nuevo marco institucional para el
manejo de las pruebas de admisión, que
garantice transparencia y equidad a todos quienes
las rinden”, terminan señalando el
mencionado dúo de investigadores. Parece
claro que el impulso en tal sentido difícilmente
provendrán de quienes gestaron y se beneficiaron
del marco institucional vigente.
Sí, se han beneficiado, al punto que convirtieron
la PSU en un negocio del todo coherente con la
política de convertir las universidades
en empresas movidas por el lucro. El profesor
Ricardo Simpson Rivera, de la Universidad Técnica
Federico Santa María, ha aportado algunos
antecedentes de devastadora elocuencia. En EE.UU.
este tipo de pruebas se puede rendir más
de una vez al año y el puntaje obtenido
tiene validez para más de un período
de postulación. Acá en Chile se
puede rendir una sola vez al año y sólo
tiene validez para ese período de postulación.
Esta inexplicable inflexibilidad es muy limitante;
por ejemplo, si alguien está enfermo ese
día, tendrá que esperar un año
o, quizás, mejor dicho, perder un año.
Pero hay algo que entraña mucho mayor
gravedad y que cuestiona la eficiencia del DEMRE,
el cual se jacta en su página web, de ser
“el organismo responsable del desarrollo
y construcción de instrumentos de evaluación
y medición de las capacidades y habilidades
de los egresados de la enseñanza media;
la aplicación de dichos instrumentos y
la realización de una selección
inter universitaria a nivel nacional en forma
objetiva, mecanizada, pública e informada”.
Pues bien, desde hace más de 15 años
en EEUU este tipo de evaluaciones se confecciona
con una metodología que en educación
se llama Computer Adaptive Test (CAT). El profesor
Simpson Rivera lo explica en términos simples:
el grado de dificultad de la prueba, que se rinde
en un PC, se va adaptando a los conocimientos
del postulante durante la examinación.
Esto es muy importante porque, por ejemplo, si
el postulante está muy bien preparado,
no se le realizarán preguntas fáciles
que se sabe contestará bien; a la inversa,
si el postulante no está bien preparado
no se le realizarán preguntas difíciles
que se sabe no podrá contestar. Con el
sistema CAT sólo se necesitan, pues, 30-35
preguntas para certificar la evaluación
del postulante, y no 75 ó más que
se requieren en las pruebas tipo lápiz
y papel como la PSU. “Si la confección
de la PSU fuera realizada por una entidad independiente,
como se hace en EE.UU., no sólo sería
sustancialmente mejor en sus contenidos, sino
que se implementarían constantemente innovaciones
acordes con los tiempos”, sentencia el académico
de la Santa María.
Cabe esperar que el Ministerio de Educación
y los políticos de veras interesado en
la calidad de la enseñanza pública
y en la igualdad de oportunidades tomen cartas
en el asunto y promuevan modificaciones legales
en procura de mayor transparencia y eficiencia.
Pero probablemente el motor principal de los imprescindibles
cambios en este plano deban ser los propios estudiantes
de los establecimientos públicos. Sin embargo,
no cabe hacerse ilusiones, ya que el Gobierno
y la clase política en general, con el
apoyo de la gran prensa, han sido muy eficaces
en promover el desmantelamiento y demolición
anímica del movimiento estudiantil que
hizo surgir tantas esperanzas de un cambio no
sólo en la calidad de la educación,
sino en el clima moral del país.
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