Potenciamiento
del CONACE
para enfrentar el desafío de las drogas
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| "Si
bien la mayoría de quienes consumen
no delinquen, los estudios señalan
que un elevado número de personas que
cometen delito presentan uso y abuso de drogas.
Por ello, las políticas públicas
deben también asumir la prevención
del uso y abuso de drogas en su relación
con la incidencia y reincidencia del delito". |
María Teresa Chadwick P. Secretaria Ejecutiva
del CONACE
(Abril de 2008)
EL PROBLEMA DE las drogas excede el tema del
delito. La mayor parte de quienes usan y abusan
de drogas no cometen delitos, pero tienen problemas
y trastornos de los cuales las políticas
públicas deben hacerse cargo. La desintegración
familiar, las confianzas vulneradas, los proyectos
de vida truncos, la deserción o fracaso
escolar, la violencia en familia o en la comunidad,
el ausentismo y accidentabilidad laboral, la alteración
de conducta y deterioro de la convivencia que
afectan al consumidor y su entorno, y en suma,
la pérdida de libertad que sufre la persona,
son entre otras, consecuencias del consumo de
drogas. No son hechos delictuales, pero sí
generan conflictos sociales e individuales. La
ley chilena, a diferencia de algunas legislaciones,
no sanciona como delito el consumo de drogas,
sino el tráfico en todas sus formas. Pero,
por los trastornos que el consumo y abuso de estupefacientes
conlleva, así como los problemas asociados,
éste debe ser prevenido a tiempo. El Estado
es y debe ser el principal impulsor de la actividad
preventiva, porque se trata de un desafío
del desarrollo humano, de la mejoría de
la calidad de vida de chilenos y chilenas y de
la protección social, sobre todo de los
más vulnerables, como son los niños,
los jóvenes y las familias de escasos recursos.
Si bien la mayoría de quienes consumen
no delinquen, los estudios señalan que
un elevado número de personas que cometen
delito presentan uso y abuso de drogas. Por ello,
las políticas públicas deben también
asumir la prevención del uso y abuso de
drogas en su relación con la incidencia
y reincidencia del delito.
Ello nos lleva a reflexionar sobre la institucionalidad
del organismo encargado de estos temas, que es
Conace, el cual hasta ahora, es solo un programa
del Ministerio del Interior. La creación
de Conace como un servicio público especializado
en la prevención del consumo de drogas
y alcohol, es uno de los puntos del acuerdo político
legislativo en materia de seguridad pública,
suscrito en diciembre pasado por el Gobierno y
la Alianza. Allí se establece que Conace
será un órgano descentralizado con
personalidad jurídica y patrimonio propio,
radicado en el Ministerio del Interior, cuya función
será establecer las políticas públicas
y la participación de los privados en la
prevención y rehabilitación del
consumo de drogas y alcohol.
La figura de servicio descentralizado contenida
en el acuerdo, nos parece la más acertada,
sobre todo cuando se trata de una entidad que
debe abordar —como ya vimos— una temática
muy compleja como la de las drogas, que afectan
de manera distinta a grupos diversos y que requieren
de intervenciones específicas. Un servicio
descentralizado permite articular mejor el trabajo
nacional, regional y local y adaptarse a las multiplicidad
de problemas y demandas. Ayuda a la corresponsabilidad
entre los distintos actores. Mejora la gestión,
permitiendo una toma de decisiones más
rápidas, acelera la capacidad de respuesta
a las necesidades específicas, y hace más
transparente la responsabilidad de cada uno en
el cumplimiento de sus funciones.
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