| Discriminación
universitaria |
| En
un país que ha transformado el derecho
a la educación, consagrado retóricamente
en la Constitución, en una cuestión
de dinero, de poco sirve la virtud o el
talento de un estudiante |
Por Álvaro Cuadra, Investigador y docente de
la Escuela Latinoamericana de Postgrados.
Plataforma de Opinión. Universidad de Arte y Ciencias Sociales, ARCIS
(Diciembre
de 2008)
EL SISTEMA UNIVERSITARIO chileno se encuentra entre
los más caros
del mundo, sólo comparable al de Estados Unidos y otros países
desarrollados.
Durante el próximo año los aranceles aumentarán
alrededor de un 10% en las universidades más emblemáticas del
país.
Si a estos antecedentes se suma un mezquino sistema de financiamiento y becas
de parte del Estado, en un país donde los índices de desigualdad
se encuentran entre los más altos a nivel mundial, el resultado sólo
puede ser un sistema universitario caro, injusto, clasista, discriminatorio
y excluyente.
En un país que ha transformado el derecho a la educación,
consagrado retóricamente en la Constitución, en una cuestión
de dinero, de poco sirve la virtud o el talento de un estudiante
La implementación de políticas de corte neoliberal en el ámbito
de la Educación Superior no ha arrojado buenos resultados y más
bien ha sido funesto para el país. En los hechos, ha convertido un ámbito
estratégico del desarrollo nacional en un gran negocio en el que miles
de familias son expoliadas cada año por universidades-empresa por un
servicio menos que regular. De hecho ninguna universidad chilena se encuentra
entre las cien y ni siquiera entre las doscientas mejores del mundo.
Nuestra Educación
Superior, en consecuencia, no sólo es cara sino de mala calidad, mostrando
pobres índices
en docencia, extensión y, ni hablar, investigación.
El gran ausente en la Educación Superior es el Estado, pues como se
sabe, de acuerdo a la superstición neoliberal, le corresponde al mercado,
y no al Estado regular el flujo de bienes y servicios en la sociedad. Esta
creencia, convertida en dogma, el mismo que nos tiene sumidos en la peor crisis
económica mundial de que se tenga memoria, quizás pudiera tener
alguna aplicación a la hora de comercializar berenjenas, pero muestra
claras deficiencias cuando hablamos de educación, salud o previsión
social.
Si la previsión social, representada por las AFP, ya acumula
pérdidas por 47 mil millones de dólares (una cifra equivalente
a unos dos mil años seguidos de Teletón), la Educación
Superior acumula pérdidas no cuantificables en daño social para
las familias del país que ven como crecen los aranceles cada año
con magros resultados.
En medio de la crisis económica que golpea al mundo entero, es hora
de que el Estado asuma con plenitud su papel para asegurar la calidad de la
educación en todos los niveles y el acceso de los jóvenes talentosos
a las universidades.
Más allá de los gobiernos de turno, se trata
de un desafío país que compromete nuestro desarrollo presente
y futuro. A los estudiantes de Chile les asiste el derecho a reclamar un sistema
de becas y un financiamiento digno y adecuado para proseguir estudios superiores,
sólo en virtud de sus méritos y talento.
Es responsabilidad de
la sociedad chilena procurar un sistema que les asegure tal derecho. La actual
discriminación económica ejercida por el mercado en la Educación
Superior es indigna de una sociedad democrática, políticamente
incorrecta, socialmente injusta y moralmente inaceptable.
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