Financiamiento
de los municipios:
bombazo contra la equidad
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| Los
recursos del Fondo Común Municipal
son miserables en relación a las necesidades
insatisfechas de las familias modestas y,
dado el escaso aporte del fisco, constituye
un mecanismo de distribución de la
pobreza, sobre todo porque las comunas más
ricas aportan apenas unas migajas, pero los
candidatos de la Concertación a alcaldes
y concejales guardan cómplice silencio |
Por Marcel Claude, Director Investigación
y Estudio, Arena Pública, Plataforma de
Opinión de Universidad Arcis (Agosto 2008)
EN CHILE EL financiamiento de las municipalidades
es un tema no resuelto que provoca una percepción
de mucho abuso e injusticia y, de hecho, resulta
común la clasificación natural entre
municipios ricos y otros pobres. Pero a la vez,
existe consenso en que los municipios son una
instancia privilegiada para el logro de las políticas
públicas, debido a que constituyen una
organización pública cercana a las
necesidades de la ciudadanía. En el escenario
actual, es evidente que resulta ser un tema no
despreciable, debido al nivel de responsabilidades
que estos enfrentan en ámbitos tan distintos
como la educación o la salud, la recolección
de residuos o la reparación de vías
públicas, etcétera.
Por ello, si consideramos que dentro de los 345
municipios existentes, hay un porcentaje significativo
–en torno al 48%- que no supera el promedio
nacional de recursos per capita, entonces, la
situación no resulta para nada satisfactoria.
Por ejemplo, el municipio de Vitacura con una
población aproximada de 82 mil habitantes,
tiene un presupuesto superior a los 31 mil millones
de pesos, en cambio Quillota, comuna de la quinta
región, con 83 mil habitantes, tiene un
presupuesto de 4 mil 890 millones de pesos, o
dicho de otro modo, Vitacura tiene 6,3 veces más
recursos que Quillota. Y esta última debe
atender tres veces la cantidad de alumnos que
dicha comuna de la Región Metropolitana.
En ese mismo escenario y peor aún, hay
comunas como Alhué que en el 2006 no contaban
con recursos propios para hacer inversiones en
su territorio. Estas desigualdades se convierten
en un problema muy complejo, particularmente en
el caso de las comunas pobres, si se consideran
los altísimos montos que deben destinar
a Educación y Salud.
Las cifras respecto a los gastos que realizan
las municipalidades se pueden analizar también
desde otra perspectiva, para así mostrar
cuán lejos estamos de los objetivos del
desarrollo que tanto nos gusta profesar. Tomados
globalmente, los municipios del país administran
recursos financieros que constituyen aproximadamente
un 2,8% del Producto Interno Bruto y solo un 13%
de los gastos del gobierno en general. Algo muy
distante de lo que ocurre en los países
de Europa, en los que el porcentaje promedio del
ámbito local constituye un 43% de lo que
representa el gasto gubernamental. En Suecia por
ejemplo, la cifra se empina por sobre el 60%.
Por su parte, en países del sur y centro
América ese promedio es de 16,5%. En ese
ámbito Bolivia registra una participación
de un 18,3%. Chile está muy lejos de esos
porcentajes, a pesar de la importancia política
y la relevancia que públicamente se le
asigna a los municipios. Una vez más, no
hay concordancia entre lo que se postula como
de importancia mayor y los recursos que se disponen
para ello.
Y si bien se han creado instrumentos que han
permitido allegar más recursos a los municipios,
como es el Fondo Común Municipal, este
no se utiliza en todo su potencial, ya que actualmente
es de 520 mil millones de pesos aproximadamente,
lo que resulta del todo insuficiente dado las
urgentes necesidades que éstas enfrentan,
sobre todo las más pobres. Además,
este fondo mayoritariamente proviene de los recursos
comunales, por ejemplo, del impuesto territorial
y/o de los permisos de circulación, y muy
poco del gobierno central, por lo que es una manera
de repartirse la pobreza o de mejor distribuir
la miseria. Peor aún, a este fondo las
comunas llamadas ricas aportan -en porcentajes-
casi lo mismo que las comunas pobres: mientras
que del impuesto territorial todas las comunas
deben destinar un 60%, Santiago, Providencia,
Las Condes y Vitacura deben aportar el 65%. En
cuanto a la distribución de este fondo
las críticas apuntan a la falta de criterios
objetivos y en concordancia con la real vulnerabilidad
de las comunas.
Entonces, cuando se cuestiona ácida o
duramente la función municipal o los resultados
de ésta, se deberían considerar
las enormes responsabilidades, funciones y tareas
que deben cumplir las municipalidades, al mismo
tiempo que la baja recepción de recursos
–considerando el conjunto de éstos-
y la poca importancia de los fondos municipales
en relación al gasto global del gobierno
central. En pocas palabras, se descentralizan
lasa responsabilidades pero no los recursos disponibles,
lo que conduce al peor de los mundos pues nadie
es finalmente responsable de resolver las necesidades
de la población. El gobierno tiene los
recursos pero no las responsabilidades y el municipio
tiene las responsabilidades, pero no los recursos.
Resultado: frustración, pobreza, injusticia
y un gobierno central cada vez más rico
pues no gasta los recursos provenientes de impuestos
o transferencias que hacen las empresas públicas
como Codelco. A estas alturas el candado resulta
muy ingenioso para reducir o mantener controlado
el gasto público. El problema es que así
las cosas avanzan muy poco y las deficiencias
educacionales, en salud o en infraestructura se
siguen postergando.
Si queremos descentralizar, no basta con que
el gobierno central se deshaga de sus responsabilidades;
también debe asignar los recursos necesarios
para que las municipalidades puedan afrontar sus
obligaciones. Además, así lo establece
la ley. El desarrollo pasa también, como
hemos visto, por una mayor disponibilidad de recursos
gastados a nivel local y no centralizadamente.
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