El
financiamiento municipal, espejo de la injusticia
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gobierno tiene los recursos pero no las responsabilidades
y el municipio tiene las responsabilidades
pero no los recursos. Resultado: frustración,
pobreza, injusticia y un gobierno central
cada vez más rico pues no gasta los
recursos provenientes de impuestos o transferencias
que hacen las empresas públicas como
Codelco. |
Por Marcel Claude
Publicado en el diario electrónico "El
Mostrador" (17/05/08)
HAY UN CIERTO acuerdo en que los municipios son
una instancia privilegiada para el logro de las
políticas públicas, debido a que
constituyen una organización pública
cercana a las necesidades de la ciudadanía.
Sin embargo, la manera en que éstos pueden
alcanzar sus objetivos, no es similar para todos
ellos. En nuestro país, el financiamiento
de las municipalidades es un tema no resuelto
que provoca mucha percepción de abuso e
injusticia y, de hecho, es común la clasificación
natural entre municipios ricos y otros pobres.
En el escenario actual, es evidente que resulta
ser un tema no despreciable, debido al nivel de
responsabilidades que estos enfrentan en ámbitos
tan distintos como la educación o la salud,
la recolección de residuos o la reparación
de vías públicas, etcétera.
Si consideramos que dentro de los 345 municipios
existentes, hay un porcentaje significativo –en
torno al 48%- que no supera el promedio nacional
de recursos per capita, entonces, la situación
no resulta para nada satisfactoria. Por ejemplo,
el municipio de Vitacura con una población
aproximada de 82 mil habitantes, tiene un presupuesto
superior a los 31 mil millones de pesos, en cambio
Quillota, comuna de la quinta región, con
83 mil habitantes, tiene un presupuesto de 4 mil
890 millones de pesos, o dicho de otro modo, Vitacura
tiene 6,3 veces más recursos que Quillota.
Y esta última debe atender tres veces la
cantidad de alumnos que dicha comuna de la Región
Metropolitana. En ese mismo escenario y peor aún,
hay comunas como Alhué que en el 2006 no
contaban con recursos propios para hacer inversiones
en su territorio. Estas desigualdades se convierten
en un problema muy complejo, particularmente en
el caso de las comunas pobres, si se consideran
los altísimos montos que deben destinar
a Educación y Salud.
Las cifras respecto a los gastos que realizan
las municipalidades se pueden analizar también
desde otra perspectiva, para así mostrar
cuán lejos estamos de los objetivos del
desarrollo que tanto nos gusta profesar. Tomados
globalmente, los municipios del país administran
recursos financieros que constituyen aproximadamente
un 2,8% del Producto Interno Bruto y solo un 13%
de los gastos del gobierno en general. Algo muy
distante de lo que ocurre en los países
de Europa, en los que el porcentaje promedio del
ámbito local constituye un 43% de lo que
representa el gasto gubernamental. En Suecia por
ejemplo, la cifra se empina por sobre el 60%.
Por su parte, en países del sur y centro
América ese promedio es de 16,5%. En ese
ámbito Bolivia registra una participación
de un 18,3%. Chile está muy lejos de esos
porcentajes, a pesar de la importancia política
y la relevancia que públicamente se le
asigna a los municipios. Una vez más, no
hay concordancia entre lo que se postula como
de importancia mayor y los recursos que se disponen
para ello.
Y si bien se han creado instrumentos que han
permitido allegar más recursos a los municipios,
como es el Fondo Común Municipal, este
no se utiliza en todo su potencial, ya que actualmente
es de 520 mil millones de pesos aproximadamente,
lo que resulta del todo insuficiente dado las
urgentes necesidades que éstos enfrentan,
sobre todo los más pobres. Además,
este fondo mayoritariamente proviene de los recursos
comunales, por ejemplo, del impuesto territorial
y/o de los permisos de circulación, y muy
poco del gobierno central, por lo que es una manera
de repartirse la pobreza o de mejor distribuir
la miseria. Peor aún, a este fondo las
comunas llamadas ricas aportan -en porcentajes-
casi lo mismo que las comunas pobres: mientras
que del impuesto territorial todas las comunas
deben destinar un 60%, Santiago, Providencia,
Las Condes y Vitacura deben aportar el 65%. En
cuanto a la distribución de este fondo
las críticas apuntan a la falta de criterios
objetivos y en concordancia con la real vulnerabilidad
de las comunas.
Entonces, cuando se cuestiona ácida o
duramente la función municipal o los resultados
de ésta, se deberían considerar
las enormes responsabilidades, funciones y tareas
que deben cumplir las municipalidades, al mismo
tiempo que la baja recepción de recursos
–considerando el conjunto de éstos-
y la poca importancia de los fondos municipales
en relación al gasto global del gobierno
central. En pocas palabras, se descentralizan
las responsabilidades pero no los recursos disponibles,
lo que conduce al peor de los mundos pues nadie
es finalmente responsable de resolver las necesidades
de la población. El gobierno tiene los
recursos pero no las responsabilidades y el municipio
tiene las responsabilidades pero no los recursos.
Resultado: frustración, pobreza, injusticia
y un gobierno central cada vez más rico
pues no gasta los recursos provenientes de impuestos
o transferencias que hacen las empresas públicas
como Codelco. A estas alturas el candado resulta
muy ingenioso para reducir o mantener controlado
el gasto público. El problema es que así
las cosas avanzan muy poco y las deficiencias
educacionales, en salud o en infraestructura,
se siguen postergando.
Si queremos descentralizar, no basta con que
el gobierno central se deshaga de sus responsabilidades,
también debe asignar los recursos necesarios
para que las municipalidades puedan afrontar sus
obligaciones. Además, así lo establece
la ley. El desarrollo pasa también, como
hemos visto, por una mayor disponibilidad de recursos
gastados a nivel local y no centralizadamente.
*Marcel Claude es Director de Investigación
y Estudio de la Universidad Arcis
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