LGE:
¿paso adelante o nivelación
hacia abajo? |
| En
la prestigiada revista católica "Mensaje",
la diputada gobiernista Carolina Tohá
y el senador opositor Andrés Allamand
comentan el artículo "LGE, avances
y silencios", escrito por el profesor
Juan Eduardo García-Huidobro, presidente
de la fenecida Comisión Asesora Presidencial
para la Educación |
DEFENSA DE LA EDUCACION
PUBLICA
Carolina Tohá, diputada PPD
A pesar de derogar la Ley Orgánica Constitucional
de Educación (LOCE) y de generar un marco
regulatorio completamente nuevo para la enseñanza
en Chile, el proyecto de la Ley General de Educación
(LGE) no ha sido sentido como un logro por parte
del movimiento social de los estudiantes secundarios.
Su llamado a retirarlo del Congreso y, últimamente,
a votarlo en contra, puede sorprender a primera
vista.
En efecto, la LGE se hace cargo de importantes
reivindicaciones planteadas por los secundarios
el año 2006, como por ejemplo la necesidad
de fortalecer el papel del Estado en el aseguramiento
de la calidad y en su función fi scalizadora,
aumentar decididamente los requisitos que deben
cumplir los sostenedores y fortalecer los derechos
de la comunidad educativa y, especialmente, de
los estudiantes. Sin embargo, hay una importante
demanda social que no queda satisfecha en este
proyecto: el fortalecimiento de la educación
pública.
Hay síntomas preocupantes de un deterioro
de ella. Su expresión más nítida
es la sostenida pérdida de matrícula.
La modifi cación del marco regulatorio
propuesto en la LGE no resolverá este problema
sino que solo servirá para poner en evidencia,
a través de una mayor fi scalización
y control de calidad, las debilidades que lo explican.
Es justifi cada, por lo tanto, la preocupación
manifestada en relación con la enseñanza
en el sector público.
Sin embargo, la respuesta a esa inquietud difícilmente
se podrá entregar en la LGE, puesto que
se trata de un proyecto que necesita un quórum
muy alto para su aprobación y, por lo tanto,
para ser ley requiere de un acuerdo con la oposición.
Eso es bastante complejo en este ámbito.
Las diferencias son profundas y las visiones,
diametralmente opuestas. De hecho, como respuesta
a la protesta estudiantil del año 2006
hubo dos proyectos de la presidenta Michelle Bachelet
que no fueron negociados con la derecha y que
exigían quórum. Ambos fueron rechazados
en general por ese sector y se hizo inviable su
tramitación.
En consecuencia, la defensa de la educación
pública es una demanda legítima
y justifi cada. Pero el mejor camino para darle
respuesta no es el retiro o el rechazo de la LGE
—que constituye un avance importante—
sino la presentación de proyectos específi
cos, que en materias trascendentes son de mayoría
simple.
Deben modifi carse el sistema de fi nanciamiento
a fi n de compensar las desventajas que genera
para el sector municipal, la dependencia de los
municipios (por sus evidentes defectos) y el Estatuto
Docente para promover el desarrollo profesional
de los profesores y favorecer la calidad de la
enseñanza. Todos estos temas están
en leyes distintas de la LOCE y de la nueva LGE,
y esas son las normas que debemos estudiar para
fortalecer verdaderamente la educación
pública.
NIVELAR HACIA ABAJO
Senador Andrés Allamand
Después de casi 20 años de Gobiernos
de la Concertación, los resultados demuestran
que en Chile la enseñanza sigue cruelmente
estancada, mala y desigual.
Una de las causas de este fracaso se debe a los
persistentes errores de diagnóstico constatados
en los últimos años. Por ejemplo:
1.- García-Huidobro afirma que “la
desigualdad y segregación, a las que está
contribuyendo la selección, son causa primordial
de la falta de calidad”. De ahí que
la LGE original buscaba terminar con la selección,
pero proponía cambiar el mérito
por el azar. Es decir, al Gobierno le parecía
más equitativo que un niño fuera
aceptado en un colegio de excelencia por un sorteo
que por su mérito propio. El artículo
afirma que el 49% de los establecimientos particulares
subvencionados selecciona, pero omite el antecedente
de que 93% de los padres señalan que sus
hijos han sido aceptados en el colegio de su preferencia.
2.- El mismo autor manifiesta que la Concertación
se ha resignado a mantener un modelo educativo
de “cuasimercado”. Lo que no dice
es que terminar con el emprendimiento privado
estatiza, en la práctica, la educación.
La paradoja es que los colegios con mejores resultados
son los particulares subvencionados y que el actual
esquema de “provisión mixta”
es el único que asegura una efectiva libertad
de enseñanza. Pero hay más: los
datos demuestran que, a iguales condiciones, 7
de cada 10 padres prefieren enviar a sus hijos
a un establecimiento particular subvencionado,
es decir, justo a aquellos que él quisiera
suprimir.
3.- Por último, sostiene que hay que terminar
con el derecho de los padres a hacer aportes para
la educación de sus hijos porque ello provocaría
desigualdad. La idea parece ser impedir, en vez
de valorar, el esfuerzo de las familias para efectuar
contribuciones que permitan una mejor educación.
Hace algún tiempo, el articulista peyorativamente
afirmaba que había que terminar con la
“chauchita” que daban los padres como
el financiamiento compartido. ¡Ahora resulta
que esa “chauchita” es la causa de
las más grandes inequidades! Toda la línea
argumental del artículo puede resumirse
en una frase: “nivelar hacia abajo”.
Una fórmula repetida una y otra vez con
un rasgo común: nunca funciona.
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