La
violencia es sólo el efecto |
| ¿Qué se
puede esperar de un niño que se desarrolla
en medio de un clima de violencia? ¿O
de un adolescente a quien la sociedad no
le da expectativas, mientras su vecino, sin
moverse del barrio, sin ir al colegio, sí las
tiene traficando? |
Jaime Orpis, senador (diciembre 2008)
LA GENERACION DE las condiciones para lograr
una mayor igualdad de oportunidades y movilidad
social
entre los más pobres debería ser
la primera prioridad pública.
Para justificar políticamente que se
está avanzando, normalmente se recurre
a una encuesta que mide el número de pobres
e indigentes. Sin embargo, en el tema de la pobreza
se están produciendo cambios cualitativos
que se vienen gestando desde hace mucho tiempo
con consecuencias explosivas inimaginables.
¿Qué vemos hoy día en los
medios de comunicación?... "Cifra
récord en destrucción de armas
(12 mil) que ya no estarán en manos de
los delincuentes", "Bala perdida mató a
un menor de edad", "Enfrentamiento
entre grupos rivales deja muertos", "Se
encontró banda que robaba cajeros automáticos", "Muere
desangrado estudiante universitario por resistirse
a que le robaran su mochila...", etcétera.
Alguien se ha preguntado: ¿por qué se
están produciendo estos niveles de violencia?
En general, nos quedamos en las crónicas
y los gritos desesperados para que se haga justicia
por parte de las víctimas o sus familiares,
y un fundado clamor ciudadano por exigir más
penas y cárceles para los agresores. Sin
embargo, el problema es mucho más profundo
y delicado.
En el año 2002, Conace y Gendarmería,
en un estudio en el que se le pregunta a la población
penal cuáles fueron los motivos que los
llevaron a delinquir, aparece en segundo lugar
la necesidad de robar para financiar el consumo
de droga. En el año 2005, en otro estudio,
la Fundación Paz Ciudadana les practicó un
test de droga a quienes habían sido detenidos
por delitos flagrantes en las comisarías
de Santiago.
Entre quienes habían cometido robo con
fuerza, el 72% estaba bajo los efectos de cocaína/pasta
base y 48% marihuana. El robo con violencia:
el 74% estaba bajo los efectos de la cocaína
o la pasta base y 42% con marihuana. El hurto:
el 54% estaba bajo los efectos de la cocaína/pasta
base y 33% marihuana, y en el caso de lesiones,
algo similar. En detenidos por ley de drogas,
nueve de cada diez arrojaron positivo muy centrado
en la cocaína y pasta base.
¿Esto no nos dice nada? ¿Qué significa
que el grueso de los delitos más violentos
se cometan bajo los efectos de la pasta base
o la cocaína?
En los sectores populares se masificó el
microtráfico a lo largo de todo el país
en los grandes centros urbanos. Familias que
eran honestas han encontrado en el microtráfico
una manera de ganarse la vida. Las generaciones
jóvenes abandonan el sistema escolar.
En el microtráfico ven mejores posibilidades
laborales que en un trabajo normal. A raíz
de los bajos niveles educacionales a los cuales
tienen acceso se sienten condenados de por vida
a ganar el sueldo mínimo. El microtráfico
se ha transformado en un referente de ascenso
en la escala social.
Se ha generado una espiral de violencia en las
distintas poblaciones por la distribución
de los territorios, donde el tráfico parte
en las propias familias, en que la violencia
ha pasado a ser su sistema normal de vida con
el que conviven diariamente.
Los espacios públicos no existen, transformándose
en lugares de venta de drogas. Se están
infiltrando en las organizaciones sociales, que
en el pasado fueron instancias de cohesión
social.
¿Qué se puede esperar de un niño
que se desarrolla en medio de un clima de violencia? ¿O
de un adolescente a quien la sociedad no le da
expectativas, mientras su vecino, sin moverse
del barrio, sin ir al colegio, sí las
tiene traficando? ¿Qué formación
le puede entregar un padre a su hijo cuando se
gana la vida traficando? ¿Qué se
puede esperar de una comunidad que no tiene acceso
a los espacios públicos y que observa
como normal andar armados? ¿Qué se
puede esperar de esos niños y adolescentes
a quienes se les ofrece la peor educación
del país?...
Este problema no tiene perspectiva de solución,
porque no se ha tomado conciencia de la magnitud
del daño en los sectores populares y,
por lo tanto, no existen políticas públicas
integrales para revertirlo. No advierto que se
esté estudiando ni trabajando en ellas
para que aborden lo policial, lo delictual, lo
judicial, lo carcelario y lo social como un todo.
Mientras tanto, en el Gobierno y la oposición
se vive una agenda mediática en la cual
el centro está puesto en una fiesta de
candidaturas, mientras en los sectores populares
se vive el caos, la violencia y la desesperanza.
Con humildad, pero con mucha convicción,
quiero hacer un llamado para que reaccionemos:
es demasiado el daño, la destrucción,
la falta de expectativas, que se ve en los sectores
populares.
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