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El suicidio es la muerte

Ni las guerras, el terrorismo y la delincuencia considerados en su conjunto son tan mortales como la decisión de eliminarse que adoptan anualmente un millón de personas, fenómeno que en Chile se torna inquietante.

(Marzo de 2008)

EL SUICIDIO ES realmente un gran problema mundial, si uno piensa que mueren más personas por autoeliminación al año que por guerras, ataques terroristas y homicidios" ha señalado un informe de la Asociación Internacional por la Prevención del Suicidio. Más de un millón de personas dejaron voluntariamente este mundo el año pasado. El problema puede ser incluso mayor, ya que muchos casos los suicidios se computan como muertes violentas o accidentes.

Diversos estudios coinciden en que el factor genético no es determinante en la tendencia de las personas al suicidio, aunque algunos desórdenes mentales la agudizan, lo mismo que el carácter impulsivo de algunos. Tampoco la condición socioeconómica ejerce una influencia gravitante, ya que el suicidio se da con igual fuerza tanto entre pobres como entre afortunados.

Un dato clave es que la mitad de la gente que comete suicidio lo hace bajo la influencia del alcohol o las drogas.

Los varones son en términos generales mucho más vulnerables que las mujeres, debido a que ellos son más reacios a buscar ayuda para sus dificultades personales.

Llama la atención por ende la escasa atención que la mayoría de las sociedades, incluida la chilena, prestan al fenómeno, en circunstancias de que es en buena medida prevenible. De hecho, las tasas han descendido en los países que en los últimos cinco o diez años invirtieron en prevención del suicidio, como en Estados Unidos.

La mayoría de los suicidas que reciben ayuda no se quitan la vida sostiene un experto de dilatada experiencia. "La gente no se mata porque quiera morirse, sino porque no ve ninguna esperanza de sentirse mejor en el futuro. Lo importante, entonces, es mostrarles que siempre hay esperanza, de que las cosas pueden cambiar".

En el suicidio también inciden "los factores culturales", como en Japón, donde perder el trabajo o no ingresar a la universidad puede ser considerado una deshonra, por lo que la persona afectada opta por quitarse la vida. Como contrapartida, en países de cultura cristiana, la convicción de atentar contra uno mismo constituye un grave pecado debe haber actuado por largo tiempo como poderoso disuasivo.

MAS DESARROLLO, MÁS TENSIONES

El fallecido y destacado neurocientista chileno Francisco Varela hizo notar, en uno de sus últimos libros (El Fenómeno de la Vida, 2000), y en entrevistas que así como hay un fundamentalismo del tipo de eficacia productiva, de manera larvada existe "ese nihilismo que hace que en Chile haya más suicidios y se consuman prácticamente tantos tranquilizantes como en el resto de Latinoamérica".

Existe consenso en cuanto a que la globalización y creciente competencia obliga a la gente a soportar más presión, y a la vez, la inestabilidad laboral desencadena una inseguridad y angustia constantes. Por otro lado, las redes de apoyo se han reducido. Ya no hay vida de barrio, uno ya no conversa ni conoce a los vecinos. Hasta los vínculos familiares se han debilitado, debido a las exigencias del trabajo, la incorporación masiva de la mujer al mundo laboral y el incremento de las expectativas consumistas. Esta conjunción de factores contribuyen a explicar el auge de la depresión, caldo de cultivo para los suicidios, así como para el alcoholismo y la drogadicción.


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