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Violencia escolar, profesores, las principales víctimas

Humillados por autoridades y opinólogos, maestros sufren a diario la agresividad de los alumnos... y sus padres y madres.

Por Francisca González R., Magíster en Educación (tesis en convivencia escolar) y profesora básica (en aula).
Noviembre de 2006

CREO INTERPRETAR A todos los colegas docentes de este país. Me pregunto: ¿Cómo es posible que recién ahora las autoridades educacionales hayan comenzado a preocuparse de los problema de disciplina y de violencia diaria en los colegios de que somos víctimas los profesores, y no sólo de parte de los alumnos, sino también de los apoderados?

¿Qué pasa con el Colegio de Profesores que no aborda el tema, en circunstancias de que ya constituye un clamor nacional? ¿Esperan que muera un profesor o más alumnos? ¿Dónde está el grupo interdisciplinario que debería existir en cada municipalidad para ir en ayuda de los docentes de los diferentes establecimientos? ¿Por qué no salen a terreno las psicólogas y visitadoras sociales de las corporaciones educacionales? ¿Qué hacen en la municipalidad metidas en sus oficinas, esperando casos y no verificando realidades?

El problema surge en terreno y allí hay que encarar los dramas, stress y amenazas con los que trabajan los profesores. Se debiera hacer un estudio para determinar cuánta gente está demás en Educación y cuántos faltan. Aseguro que con las platas que se ahorrarían mediante el despido de aquellos cuyos cargos no se justifican, se podría contratar a numerosos curriculistas, evaluadores, orientadores para todos los colegios.

Cuando un niño es mandado por el profesor jefe al consultorio, al neurólogo, el diagnóstico es siempre el mismo: "anfetaminas". Hay que sentarlo entonces en el primer asiento. Parece que los certificados estuvieran preparados de antemano. El neurólogo no se da el trabajo de enviar a los niños agresivos a una interconsulta con un psiquiatra, no le explica a los padres lo importante que es administrarle los medicamentos al niño y muchos padres prefieren vender las pastillas.

El problema no son los docentes, son las autoridades permisivas, que al igual que los padres asignan todas las responsabilidades a los maestros. ¿Cómo pretendemos mejorar la calidad de la educación trabajando con niños que ponen en peligro la vida de los demás?¿Qué pasa con el apoyo al profesor?¿Qué profesor puede hacer clases normales en un ambiente grato cuando un apoderado se salta todos los conductos y nos insulta estando drogado o alcohólico?

La principal causa de la violencia escolar está en los padres. Es evidente que los adultos no estamos enseñando a los niños y jóvenes a resolver sus conflictos pacíficamente. La violencia que entra en las salas de clases generalmente tiene sus raíces en los hogares.  Es cosa de examinar algunas escalofriantes cifras. En uno de cada cuatro hogares se sufre la violencia intrafamiliar. Casi un 70% de los niños reconocen haber sido objeto de maltrato por parte de sus padres o familiares más cercanos. En consecuencia, uno de los objetivos sería crear una nueva relación más cercana entre el entorno escolar con esas familias y devolver a los consejos de profesores y directores la autoridad que tenían antes.

CIFRAS ALARMANTES

Casi el 45% de los alumnos y un tercio de los profesores ha sufrido agresión en la escuela, principalmente de tipo psicológica, que implica ignorar a una persona, insultarla con garabatos, burlarse, descalificarla, gritarle y hasta difundir rumores malintencionados sobre ella.

El Primer Estudio Nacional de Violencia en el Ámbito Escolar 2006, realizado por el Ministerio del Interior en conjunto con el de Educación y la Universidad Alberto Hurtado, consideró a 3.153 profesores y a más de 14 mil estudiantes de colegios municipales, subvencionados y particulares pagados. Sus resultados muestran que el fenómeno no se da solamente entre los escolares. Existe al interior de los establecimientos un ambiente generalizado de violencia, donde los profesores también reconocen haber agredido alguna vez a otros docentes (11%), al inspector (12,2%), a los auxiliares (11,5%) y hasta al propio director (11,7%).

 


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