Las fotos eróticas de las liceanas
|
| Bombástica denuncia periodística deja al desnudo la hipocresía, el doble estándar, el clasismo y el sesgo ideológico de algunos medios de comunicación. |
Por Raúl Gutiérrez V., periodista
(24/07/06)
EL INVIERNO PASADO el diario La Estrella de Valparaíso hizo enorme caudal por la supuesta existencia de una red de lesbianas con base en un liceo municipalizado del centro de Valparaíso. El daño inferido por sucesivas publicaciones sobre un escándalo que terminó desinflándose fue mayúsculo y explica, en parte, el descenso en la matrícula de este establecimiento donde un numeroso grupo de profesores se esfuerza a diario por entregar la mejor educación posible a cientos de niñas y muchachas, muchas de las cuales provienen de hogares modestos, como sucede en general con los liceos públicos. Ahora para entibiar el invierno, La Estrella denuncia con grandes titulares otro supuesto escándalo, al que ha denominado “Las fotos eróticas”, del cual serían protagonistas estudiantes del liceo Eduardo de la Barra, otro establecimiento municipalizado del centro de Valparaíso.
La información se refiere a la denuncia de que una alumna le sacó fotografías “poco afortunadas” a la intimidad de sus compañeras “nada menos que en los camarines”, lo que a juicio de varios apoderados configuraría un grave problema.
De partida cabe solicitar a esos apoderados que hagan memoria acerca de su pubertad y adolescencia y de qué cosas hacían ellos en sus liceos o colegios o entre sus amistades de la misma edad por aquella época. Cualquiera que se asome, siquiera someramente, a filmes sobre el comienzo de la adolescencia o novelas, algunas de gran valor literario sobre la misma temática, se dará cuenta de que muchachos y niñas realizan numerosas acciones, individuales o colectivas, de exploración y de claro contenido erótico, que pues, resultan bastante inocentes, pero que forman parte del desarrollo psicológico y físico de las nuevas generaciones.
Naturalmente los juegos o actividades más o menos naturales o cuando menos comprensibles, experimentan los cambios propios de las mentalidades y de la tecnología. Cuarenta años atrás a las católicas que llegaran a enfundarse en un bikini, merecían nada menos de la pena de excomunión por parte del obispo de la diócesis de Valparaíso, acotación que hoy sólo provoca incredulidad incluso a las jóvenes que militan en el Opus Dei. Por otro lado, es muy distinto al despertar sexual de grupos de muchachos o niñas campesinos de hace medio siglo que el que se produce en el alumnado de la enseñanza media de un liceo a comienzos del siglo XXI. Ni nuestros abuelos y padres dispusieron en su época de teléfonos celulares dotados de cámaras gráficas, aparatos que hoy día se hacen cada vez más comunes, incluso en estratos socioeconómicos modestos.
Por lo tanto, las posibilidades de tomar fotografías en los camarines son hoy día muy superiores a las que existían en el pasado, digamos a la que existían hace apenas una o más décadas. De allí a mandarlas vía celular a un correo electrónico hay un paso muy sencillo y bastante barato; enseguida, distribuir esas fotos vía correo electrónico es también harto simple, y colocarlas en algún blog en internet, nada de complejo para ningún joven liceano.
Ahora bien, las fotos de desnudos o semidesnudos no deberían tener por sí solas elementos que causaran tanto escándalo, sobre todo en un país que está viviendo un destape que se prolonga ya por más de una década en cuanto a la exhibición de cuerpos, en especial femeninos, aunque no en cuanto a las ideas y los desafíos de fondo que encara la sociedad chilena. A diario vemos en la televisión programas en los que se exhibe generosamente la anatomía de modelos, las cuales hablan asimismo de sus amores o proezas sexuales en programas que tienen alto rating y que seguramente ven muchos de los padres que supuestamente se escandalizaron con estas fotos eróticas.
Por otro lado, hay diarios de la misma empresa a la que pertenece La Estrella que se han especializado en promover la farándula y en mostrar fotos de mujeres semidesnudas. El mismo diario La Estrella muestra, al menos en su página web, fotos mucho más eróticas de las que podrían protagonizar las alumnas del liceo Eduardo de la Barra y las pone a disposición indiscriminadamente de todos sus visitantes, muchos de los cuales son niños o muchachos en su primera adolescencia. Ahí está, por ejemplo, la galería de mujeres con las que, según señala el diario, se han “castigado” los jugadores de la selección italiana tras obtener la copa mundial de fútbol,.
Si las fotos de las niñas del liceo Eduardo de la Barra corresponden a muchachitas que están cambiándose la ropa en un camarín, difícilmente pueden ser más eróticas de las que exhibe La Estrella. Entonces ¿a qué tanto escándalo ...o se trata de caer en un fariseísmo que busca vender más ejemplares y de paso seguir desprestigiando la educación pública? Porque, ¿alguien podría imaginar que situaciones de este tipo no se dan con frecuencia en otros establecimientos, claro que de niñas de nivel socioeconómico alto? ¿Alguien podría ignorar que en planteles de estudiantas pirulas existen numerosos casos de drogadicción, alcoholismo y promiscuidad sexual? ¿Acaso en los colegios particulares no hay niñas que se embarazan pese a que sus familias disponen de amplio acceso a los anticonceptivos, incluso a la píldora del día después y a la alternativa del aborto? Habría que ser muy caído del catre o ciego para ignorar que estas realidades se dan en colegios pirulos con tanta o mayor frecuencia que en los establecimientos municipales.
Supongamos que La Estrella toma conocimiento de una situación semejante en el colegio de las Monjas Inglesas, por ejemplo. ¿Tendría la misma disposición para denunciarlo como la que mostró para publicar esta situación supuestamente escandalosa en el Eduardo de la Barra? Según La Estrella, los apoderados denunciantes han manifestado que su única intención al dar a conocer este problema a la prensa es que se entienda que cuando van a clases “deben ir a aprender cosas buenas y no hacer cosas que no correspondan con los valores y enseñanzas que se le dan en la casa y en el centro de estudios”.
Es más que probable que nadie en el colegio haya impulsado a las niñas a jugar al exhibicionismo ni a violar la intimidad de sus compañeras. La pregunta es si en sus hogares esas niñas han recibido formación semejante. Pero la interrogante más de fondo es si acaso nuestros niños y adolescentes viven en un ambiente en que, sin caer en la pacatería, se favorece el pudor y el respeto a la intimidad de la persona, o si por el contrario, nos movemos en una sociedad en la que el cuerpo humano se ha convertido en un instrumento susceptible de generar lucro. Preguntémonos si los programas de la televisión, que por desgracia es la principal formadora de niños y adolescentes, entregan imágenes y mensajes que favorecen una sana maduración sexual o si, por el contrario, de una u otra manera justifican y hasta elogian la prostitución y la explotación comercial del cuerpo y del erotismo. Preguntémonos si vivimos en una sociedad en la cual se procura conocer más a las personas o, si por el contrario, se predica que la belleza o la atracción física constituyen las bases de las relaciones entre un hombre y una mujer.
Las respuestas a estas interrogantes son categóricas y dejan en evidencia que el escándalo que ha querido armar La Estrella obedece a pura estrategia marquetera y su intención supuestamente defensora de las buenas costumbres es pura paja molida y esconde además un reprobable clasismo. Si es que alguna jovencita liceana utilizó su celular para sacar fotos de sus compañeras cuando se cambiaban de ropa, cometió una niñería o una imprudencia digna de una llamada de atención. Si hubo otras que se prestaron para ser fotografiadas incurrieron en un desatino, en todo caso atribuible al ambiente en que los niños y adolescentes se están criando, tanto por la actitud permisiva de sus padres como por la basura que a toneladas nos entrega a diario la televisión. Si la que sacó las fotos las envió a un correo electrónico, cometió otra torpeza no superior a la que cometieron en el pasado tantas generaciones, sólo que ahora existen otros medios tecnológicos que permiten una mayor difusión de este tipo de material. Si las fotos fueron recibidas por otro muchacho que las distribuyó a sus amistades o las publicó en la internet, se trata de alguien que cometió otra torpeza. Si fue un adulto descriteriado, sería bueno que fuese objeto de una sanción, tampoco demasiado grave, ya que vivimos en un mundo altamente erotizado y la propia La Estrella y otros diarios de la empresa El Mercurio se dedican a publicar a diario fotos eróticas en sus páginas de papel como en la propios sitios web en la internet.
En suma, un episodio que permite una reflexión a fondo sobre el tema de cómo encaramos sin hipocresías el tema del desarrollo sexual en nuestros niños y adolescentes y que permite visualizar también el doble estándar de que hacen gala algunos medios de comunicación. Un tema que permitiría un interesante debate entre estudiantes secundarios y sus profesores y padres.
|