Los
padres, no sólo los profes
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| Es
una grave injusticia achacar en forma exclusiva al personal
docente las deficiencias en los resultados del proceso
de aprendizaje de los niños de las escuelas públicas |
Raúl Gutiérrez V., periodista, editor de CORMUVAL.CL
(03/06)
Los profesores, a quienes se acusa de escasa vocación
y falta de aptitudes profesionales, y los encargados de la
gestión de los establecimientos, es decir, los directores
han terminado siendo los chivos expiatorios de los malos resultados
que exhibe la educación pública. Sin perjuicio
de las responsabilidades que pueda haber en ese frente, es
inquietante comprobar cómo se están escamoteando
otros factores que ejercen considerable gravitación
en los resultados del aprendizaje de nuestros niños
y jóvenes.
Se sabe desde hace ya bastante tiempo que en la sociedad
moderna los resultados de la educación no dependen
ni única y ni siquiera principalmente de lo que sucede
al interior de los establecimientos o dentro del aula escolar.
¿Alguien podría desconocer la enorme influencia
que ejercen en el aprendizaje, no sólo de materias
o conocimientos, sino también de valores y actitudes,
los programas de la televisión y los contenidos de
los anuncios publicitarios? Sabemos que nuestros niños
pasan tres horas como promedio diario conectados a la televisión.
Nadie puede discutir que la familia, por acción u
omisión, ejerce también influencia considerable
en el aprendizaje y la formación de valores de los
niños. Y está además el medio ambiente,
el entorno de amigos, la cuadra, el pasaje, la población,
que cobra mayor importancia en la medida que el niño
carezca de una familia sólida. Ello conduce a poner
de relieve la responsabilidad crucial que cabe a los padres
o los familiares directos de los niños.
Las mediciones de carácter educacional intentan cuantificar
los logros en materia de conocimiento, y en tales estudios,
ciertamente, las familias socioeconómicamente mejor
ubicadas obtienen resultados más favorables, lo que
no es ninguna gracia. Sin embargo, preciso es dejar constancia
que el proceso educativo no busca solamente formar individuos
que dispongan de un mayor caudal de conocimientos y de una
capacidad de seguir aprendiendo cosas o materias toda su vida.
Una sociedad tiene que aspirar asimismo a formar individuos
que sean buenas personas y que se desarrollen en los diversos
aspectos que conforman una persona. En tal sentido, la responsabilidad
de los padres en la formación valórica de sus
hijos es absolutamente clave. Hay múltiples evidencias
que muestran que los hijos de hogares pudientes acusan tremendos
déficit en este campo, de allí que entre ellos
se detecten elevados índices de alcoholismo y de adicción
a drogas.
Pero el tema de fondo es que si bien los profesores y gestores
del sistema educacional formal deben ser evaluados en forma
rigurosa, constituye una manifestación de demagogia
cargar sobre ellos el grueso de la responsabilidad de los
resultados del aprendizaje. Los padres que se involucran en
este proceso, que leen diarios y libros, que escuchan la lectura
de sus hijos, que conversan con ellos acerca de los contenidos
de los programas de televisión, que los llevan a exposiciones
o que les ayudan a aprender a razonar, que toman en cuenta
las opiniones de los niños y aprenden a dialogar con
ellos sin imponer abusivamente su autoridad como argumento
principal en un debate, contribuyen decisivamente a mejorar
los resultados escolares de sus hijos.
Otro tanto cabe afirmar respecto de padres que colaboran
activamente con el quehacer de la escuela o liceo, que participan
de forma creativa en reuniones de apoderados y que entablan
un diálogo permanente con los profesores, respaldándolos
en su difícil quehacer, sobre todo si se considera
que los niños en nuestros días son excesivamente
díscolos y cuestionadores. Es preciso entonces, que
los padres se eduquen junto a sus hijos y comprendan que en
esta tarea ellos tienen algo más que hacer, aparte
de enviar sus hijos a clases o financiarles la mejor educación
posible. Nada de eso autoriza que los padres y los familiares
de los niños y jóvenes se excluyan del proceso
educativo ni se limiten a criticar a profesores y directores
por los resultados que se obtengan.
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