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Educación, perplejidad por doquier

También los países desarrollados se preguntan con angustia cada vez mayor acerca de cómo reformar la educación a la luz de la creciente brecha de rendimientos entre hijos de familias pudientes y modestas

Raúl Gutiérrez V., editor del CORMUVAL.CL
(13/04/06)

MAL DE MUCHOS, consuelo de tontos, será el comentario de algunos. Otros evocarán el refrán “en todas partes se cuecen habas”, pero tal vez la conclusión más sensata al tomar en cuenta las graves falencias que también en los países desarrollados encara la educación pública es que se trata de un desafío arduo para el cual no existen recetas fáciles.

Si en Chile crece la inquietud ante el ensanchamiento de la brecha en rendimientos que exhiben los alumnos de establecimientos municipalizados y aquellos que concurren a escuelas y liceos privados, la situación no es mucho mejor en Gran Bretaña, por ejemplo. En esa potencia económica y política, alrededor del 90% de los niños y jóvenes concurren a establecimientos públicos y sólo el 10% lo hace a colegios y escuelas privados.

Otra diferencia, también de enorme importancia cualitativa, radica en el hecho de que las brechas socioeconómicas en Gran Bretaña, lo mismo que en todo el mundo desarrollado, son considerablemente menores que las imperantes en Chile y los países tercermundistas en general. En nuestras naciones, los diferenciales de ingreso son sencillamente escandalosos, siendo frecuente que al interior de una misma empresa el gerente general perciba una remuneración mensual que multiplique por 35, 50 y hasta 100 veces lo que gana un junior o un trabajador poco calificado. Esos diferenciales en los países ricos son inconcebibles.

Sin perjuicio de lo anterior, los problemas en torno a la brecha de rendimientos y por ende de oportunidades para cursar estudios universitarios o en las universidades más prestigiosas que otras están suscitando intensa inquietud en Gran Bretaña, al igual que en otros países desarrollados.

Nada menos que el 40% del alumnado británico no alcanza los resultados considerados mínimos al término de la enseñanza media. En ese escenario, pese a que la educación pública concentra el 90% del alumnado, en el año 2005 fue el origen de apenas el 51% de los estudiantes de la Universidad de Oxford, una de las mejores del país. Dicho de otra manera, sólo cinco de cada diez jóvenes que ingresan a las mejores universidades de Gran Bretaña provienen de establecimientos públicos, en circunstancias de que éstos educan al 90% de los niños. El otro 50% del alumnado de las mejores universidades británicas proviene del 10% que concurre a liceos o colegios privados.

La explicación para este acentuado desequilibrio radica en que los establecimientos privados se dan el lujo de seleccionar su matrícula, algo que está prohibido a los establecimientos públicos, los cuales deben acoger entonces a muchos niños en riesgo social o con trastornos de aprendizaje. Por otro lado, debido a que cobran mensualidad por sus servicios, los establecimientos privados pueden contratar los mejores profesores y tener menos alumnos por clase, lo que, como bien saben los profesores, tiene considerable incidencia en el rendimiento escolar.

La reforma que impulsa el Gobierno del Primer Ministro Tony Blair apunta a la creación de escuelas llamadas de “fundaciones”, parecidas a las escuelas subvencionadas con gestión privada, que fueron un proyecto de los gobiernos de orientación conservadora. En la práctica, la fórmula del Gobierno laborista es muy semejante a la de sus opositores, porque se basa en la concesión de mayor autonomía de gestión para los colegios y la introducción de la competencia en el mercado educacional.

RIESGOS DE LA PRIVATIZACIÓN
El supuesto es que la apertura al mercado y el debilitamiento del control que ejercen las autoridades locales sobre los colegios llevarán a que los padres elijan mejor, lo que obligará a los colegios con malos resultados a mejorar su desempeño. Pero hay muchos que temen que esta nueva fórmula redunde en una privatización de la educación y que, en lugar de contribuir a atenuar las brechas actuales, acentúe las diferencias, generando escuelas y alumnos de primera y segunda categoría.

Los temores de quienes se oponen a este tipo de reforma se han visto robustecidos con las declaraciones de algunos expertos, según los cuales no existe ningún estudio que confirme que el hecho de abrir las opciones para que los padres elijan la escuela de sus hijos, estimule mejores niveles y desempeño. Por el contrario, hay suficiente evidencia en cuanto a que las reformas en la organización estructural de las escuelas no bastan para ayudar a los alumnos con más problemas.

Ciertamente, el análisis y seguimiento de experiencias que se viven en otros países pueden contribuir a la búsqueda de las fórmulas más adecuadas en Chile para aminorar la brecha entre la calidad de la enseñanza que reciben los niños de diferentes categorías socioeconómicas y fortalecer la educación pública como herramienta que favorezca a una mayor igualdad de oportunidades..


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