Profe, ¿lleva su cortaplumas?
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| En una notable serial del cable, un maestro enfrentaba armado a los violentistas de su curso. En Chile, los profesores se debaten en la impotencia ante los aprendices de delincuentes. |
Por Rodrigo Vergara R., ingeniero civil electrónico.
Noviembre de 2006
LAS PELEAS ENTRE escolares, que han existido desde siempre, empezaron hace algún tiempo a ser consignadas en los noticiarios de TV y en las páginas de crónica roja de los diarios. Aunque aún estamos muy lejos de llegar a los niveles que se dan en algunas escuelas estadounidenses, en las cuales se han producido asesinatos en masa que han causado impacto mundial, pienso que la sociedad chilena no puede permitirse el lujo de esperar hasta que se produzca un hecho de esa naturaleza para reaccionar.
No es sólo un problema del gobierno de turno, sino que de la sociedad entera, en especial de los padres, quienes en muchos casos han renunciado a ejercer su insustituible rol en la formación de sus hijos. El hecho que se esté llegando a que los escolares lleven armas blancas y quizás hasta de fuego a las aulas es sólo la punta del iceberg, la evidencia más cruda de un problema que ha existido desde siempre en nuestra sociedad.
Todo comienza en los colegios y liceos, desde el ciclo básico, con las típicas "mafias", compuestas por uno o dos cabecillas y un rebaño de seguidores sumisos. Factor común entre esta gente: padres separados, indolentes o más preocupados de su "realización" personal que de criar a sus hijos, profundos resentimientos sociales o de cualquier tipo, mediocre rendimiento escolar, ineptitud emocional enfermiza, timidez y falta de personalidad disfrazadas de agresividad y "choreza", un repertorio lingüístico que deja a Daniel Vilches y al "Che Copete" al nivel de Cervantes y Neruda, una envidia tremenda hacia quienes los superan en algún sentido, etc. Además, llenos de ideas preconcebidas erradas: el más popular y el más "bacán" es el que pega más combos, el que se coge más minas, el que la tiene más larga, el más insolente y el que dice más garabatos.
Estos estudiantes son el dolor de cabeza de los profesores, que muchas veces no se atreven o no tienen la posibilidad o el respaldo de sus instituciones para ponerlos en su lugar, y son los "ídolos" de muchos de sus compañeros quienes ven en ellos a la encarnación de todo lo que quisieran hacer, pero no se atreven por falta de personalidad propia o temor a ser sancionados.
Como toda mafia, estos grupillos tienen un grupo selecto de víctimas preferidas. ¿Cuál es? Adivinaron bien. El típico alumno que no se une a ellos, el muchacho bueno, quitado de bulla y algo ingenuo que está sentado al final de la sala, el "nerd" que se saca excelentes notas, el niño tímido que se porta bien, el (la) gordo(a) del curso, el muchacho esforzado de extracción baja y al que le cuesta sacarse una buena nota, la pobre niña que tuvo la mala fortuna de nacer con un defecto físico, etc.
El repertorio que usan es variado: aprovechamiento de su buena voluntad, apodos hirientes, agresiones, humillaciones, acusaciones injustas, burlas, destrucción sistemática de imagen, llamadas por teléfono a la casa sólo para molestar, crítica destructiva y despiadada cuando se saca una mala nota o comete un error, etc. Al final, al pobre muchacho le quedan tres opciones: rendirse y unirse a la mafia, resistir y soportar toda una vida escolar de humillaciones y peleas (donde a todos, víctimas y victimarios, se les suele meter en el mismo saco) o simplemente irse a algún otro colegio más acogedor o más consciente.
El que tiene la osadía (o no le quedó otra) de tomar la segunda opción sale de la educación media con una serie de trancas de las cuales se puede recuperar después de muchos años de reflexión y madurez, y que obstaculizan su vida futura al punto de, en el mejor de los casos, no poder desarrollarse en toda su potencialidad. Además, queda con su autoestima injustamente dañada, con una desconfianza casi enfermiza hacia los demás que les obstaculiza seriamente su desenvolvimiento social y con un sentimiento de frustración que no se pueden explicar y para el cual busca culpables en su familia, en la sociedad, etc
El problema va mucho más allá de que si llevan cuchillos o pistolas al liceo. Lo que está sucediendo es que estas mafias escolares son los lugares donde se forman los adultos envidiosos y chaqueteros del mañana, aquellos que en el mejor de los casos van a vivir "con la justa", frustrados y van a desahogarse destruyendo a los que tengan la osadía de surgir por sus propios méritos.
A estos últimos, les quedan tres opciones: rendirse y entrar al sistema; resistir y aceptar que uno va a tener una pésima calidad de vida y va a gastarse todos los talentos que Dios les dio en pelear con mediocres que van a hacer lo imposible por obstaculizar su desarrollo; o derechamente hacerle caso a Los Prisioneros y a Florcita Motuda, e irse de este país.
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