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Lectura en colegios: renovarse o morir |
Interesante
artículo del diario El Mercurio aborda
el tema de los libros que hacemos leer a
nuestros alumnos y la motivación
que se genera en ellos. |
Fuente: El Mercurio de Santiago

El libro "para la casa" es para muchos
apoderados motivo de batalla familiar. Pero si
dicen que los estudiantes son tan malos para leer,
¿cómo se explica el fenómeno
de "Crepúsculo" o "Harry
Potter", que no economizan en páginas
y, a pesar de eso, se han transformado en ediciones
de culto entre los escolares?
La respuesta, según algunos especialistas,
puede estar en una mala estrategia de los colegios,
que en vez de buscar libros contemporáneos
y cercanos a los intereses de las nuevas generaciones,
se quedan pegados siempre en los mismos títulos.
"Los colegios no se han hecho totalmente
cargo de los cambios que tienen los niños
hoy respecto a la literatura y a la vida en general",
sostiene Maili Ow, doctora en Didáctica
de la Lengua y la Literatura y académica
de la facultad de Educación de la Universidad
Católica.
DIETA BALANCEADA
Cecilia Hudson, coordinadora del Área
Lenguaje de la carrera de Pedagogía Básica
de la Universidad de Los Andes, cree que el peor
camino es obligar a los estudiantes a leer ciertos
títulos sólo porque es parte de
su formación cultural o porque "no
pueden salir del colegio sin leerlos".
"Si queremos formar lectores para la vida,
tenemos que hacer que el niño goce leyendo,
y para eso es fundamental que pueda escoger qué
leer, tener varias opciones según sus gustos
y no sentir que la lectura es una imposición
asociada a una nota", dice.
En este menú literario, al igual que en
una dieta balanceada, los niños pueden
consumir desde mitos griegos, pasando por clásicos
escolares como "Papelucho" hasta futuristas
novelas de terror o ciencia ficción.
"Esto supone que el profesor trate a cada
estudiante como un lector particular, con sus
propios gustos, intereses y ritmos de lectura
y vaya buscando títulos y formas de potenciarlo.
Si nosotros descubrimos el genoma lector de cada
alumno, tendríamos a los 45 niños
de la sala leyendo cosas diferentes en el mismo
momento y luego compartiendo, lo que es de una
riqueza increíble", sostiene Constanza
Mekis, directora nacional de las bibliotecas CRA
(Centros de Recursos de Aprendizajes).
Y al respecto hace una advertencia: "Si
el profesor continúa en la obligación
de leer sólo ciertos títulos, nosotros
estamos matando a otra generación lectora,
así de triste".

Maili Ow cree que no hay que complicarse mucho
con la calidad de las obras que los niños
leen para el colegio o en su tiempo libre. Títulos
más simples pueden ser el camino hacia
obras más doctas.
"'El Quijote' no puede ser el medio para
formar lectores. Mi propósito final es
que los alumnos quieran leer 'El Quijote', pero
el camino para llegar a eso es usar textos accesibles
y simples. Por lo tanto, los profesores podrían
pensar en suspender de alguna forma su juicio
literario y negociar la calidad a cambio de un
texto que va a enganchar al lector, ya sea por
el tema, por la configuración de sus personajes,
por sus recursos visuales o hasta por su relación
con el cine", dice.
CALIDAD Y CANTIDAD
Lo importante es que todas las lecturas sean
acompañadas por los profesores y los padres,
de modo que los niños vayan reflexionando
acerca de lo que leen y planteándose cosas.
Este cambio de modelo no sólo implica
que los colegios estén más al tanto
respecto de las obras nuevas que están
disponibles en el mercado editorial y que son
del interés de las nuevas generaciones,
sino además es un desafío al momento
de la evaluación, donde las clásicas
pruebas escritas son sólo una más
de tantas alternativas posibles.
"Hay muchas maneras de evaluar más
allá del control de contenido, para pillar
al niño y ver si leyó el libro o
no, y donde el estudiante trata de retener detalles
y se olvida del placer de leer. Se puede evaluar
a través de una conversación en
el curso, o al pedirles que transformen ese libro
en una representación o en un afiche publicitario,
por ejemplo", dice Hudson.
EL LIBRO ÁLBUM
El mundo literario encontró una fórmula
para atraer a los jóvenes tachados de "malos
para leer" y que forman parte de una generación
fuertemente visual. Se trata del libro álbum,
un nuevo género donde la imagen y el texto
se complementan y tienen la misma importancia
para la comprensión de la historia.
TERROR Y MISTERIO
Según el estudio "¿Y quién
me preguntó a mí? La olvidada voz
de los lectores escolares", realizado por
la U. Católica a 550 estudiantes de 5º
a 8º básico, las historias de aventura,
misterio, terror y fantasía lideran el
interés de los estudiantes. Otro género
importante es el sicorrealismo, donde se tratan
temas de la edad vinculados con el desarrollo
psicológico.
No hay una cifra ideal respecto de cuántos
libros debería leer un niño, pero
lo adecuado es que sea una práctica diaria.

"Gabriela Mistral decía que no hay
que fijarse mucho en la calidad de lo que el niño
lee. Lo importante es la creación del hábito
lector. Con el hábito, el niño va
a recorrer el camino hacia obras de mayor jerarquía",
señala José Luis Rosasco, escritor.
CADA NIÑO ES UN LECTOR
"La oferta de literatura infantil y juvenil
es muy amplia, sin embargo hay gente que sigue
leyendo libros de los años 40. Y si bien
eso no es malo, estamos en 2009 y podemos refrescar
un poco el listado".
MAILI OW
Docente U. Católica
"Hay colegios que por temas valóricos
prefieren evitar ciertos títulos, pero
creo que el mejor camino es aprovechar esa instancia
para ir formando criterio con los niños
al leer".
CECILIA HUDSON
Académica U. de los Andes
"Lo importante es que la lectura esté
en el cotidiano de la escuela. Por ejemplo, un
profesor de Biología puede leer un cuento
de Darwin o un profesor de Matemáticas
comenzar su clase leyendo un poema".
CONSTANZA MEKIS
Directora del CRA
Lunes 23 de marzo de 2009
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